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ARTÍCULOS EDUCACIÓN. Autora: Ana Casado


La tecnología en nuestro ritmo cotidiano

Entro, como todos los años al comenzar el curso, en la clase de 1º de ESO, con la incertidumbre de lo que me he de encontrar… Ellos, los alumnos, con la expectación propia del primer día de clase de una asignatura que realmente no saben muy bien “de que va”.
Es curioso ¿verdad? Vivimos inmersos en un mundo en el que posiblemente la palabra que más veces se pronuncia en todos los ámbitos de la sociedad es ¡¡¡Tecnología‼!
Vamos a comprar un teléfono móvil, por ejemplo, y ya ni tan siquiera nos preguntan cómo lo queremos, directamente nos hablan de última generación y con la más avanzada tecnología.
El automóvil que nos anuncian, nos dicen que tiene tecnología punta. En la cocina, sustituimos al increíble Arguiñano por la Termomix un avance tecnológico de vital importancia. Desde el trabajo programamos el grado de confort que queremos que nuestro hogar tenga cuando regresemos de un día duro de trabajo, a través del teléfono móvil, que por cierto, también nos permite por la avanzada tecnología, saber si nuestro hijo ha faltado a clase o está enfermo, porque desde el centro escolar nos mandan sms, email, a nuestro móvil. ¡La tecnología nos ha invadido!
¿Realmente nos hemos preguntado alguna vez qué es la tecnología? Esta misma pregunta se la hago a los alumnos y la verdad que para no saber de qué va, se aproximan bastante, siempre relacionando el significado con su única realidad, a veces virtual.
La tecnología no es un invento reciente, ni tan siquiera es próximo al s. XX. La tecnología es intrínseca al hombre, nace, podríamos decir, desde que el hombre existe, porque no es más que ir “jugando” con los conocimientos y las habilidades del ser humano, con el único fin de mejorar la calidad de vida.
Entre la evolución del hombre y el avance de la ciencia y de la técnica hay una relación bidireccional, inseparable. La evolución no tiene sentido sin la ciencia y la técnica y viceversa.
Nos hemos preguntado, por ejemplo, el por qué del asiento. El hombre primitivo al no tener un lugar fijo de residencia, no tenía la necesidad, ni mucho menos el tiempo de sentarse de forma cómoda. Necesitaba descansar lo mínimo y marchar a otro lugar. Conforme la sociedad va avanzando y aparece la agricultura y la ganadería, estos pueblos nómadas, se establecen en lugares, en tierras fijas. Es entonces cuando después de una jornada dura de trabajo necesitan descansar para reponer fuerzas para el día siguiente, ya no les da igual dormir en el suelo, que en una piedra, y menos aún que en una cama. Surgen oficios que requieren de un asiento, ordeñar las vacas, el zapatero, etc. Es decir, conforme el hombre ha ido teniendo unas necesidades vitales, ha ido ingeniando, ideando objetos que suplieran esa necesidad, que dieran respuesta a sus problemas.
De esta reflexión podemos concluir que la tecnología es la conjunción del conocimiento y la técnica para dar solución a los problemas del hombre, creando productos, bienes, que favorecen la calidad de vida.
Y realmente es esto lo que en el taller de tecnología hacemos. Nos creamos un problema, una necesidad, e intentamos dar solución. Es muy importante que el alumno, desarrolle su imaginación, sea capaz de plasmar lo que en su cabeza surge como una respuesta. No me gusta interferir en sus diseños, tiene que ver cómo la idea se hace realidad.
 Ana I. Casado Bujalance
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EL EDUCADOR Y LOS TIEMPOS QUE CORREN…

            Antes de nada quisiera  presentarme. Mi nombre es Ana Casado (seglar), profesora del colegio Nuestra Señora de la Merced (Tres Cantos) y de vocación EDUCADORA
            No puedo dejar la ocasión de expresar lo que opino sobre los diferentes foros, charlas, notas de prensa, conversaciones de la calle… que se vierten continuamente con respecto a la labor del docente, del Educador.
            Se oyen a menudo comentarios fatalistas, pesimistas, sobre la labor EDUCADORA que se lleva en los centros educativos. No sé que intención llevan pero desde luego no benefician a nadie, empezando por los propios alumnos, que si ya desde el seno familiar conviven con esta imagen del colegio, ¿qué podemos esperar los profesores en lo referente a su adaptación, a su participación en su propio proceso de formación y de aprendizaje? ¿No queremos para nuestros hijos una formación personal, humana, académica? ¿Una educación en valores? La labor educativa comienza en el momento en el que el hijo nace. Son los padres los que empiezan a enseñarle TODO, recordemos que no vienen al mundo con todo sabido, ni tan siquiera con algo. Hay que enseñarles todo, pero ante todo hay que facilitarle el camino de la vida. Bien es cierto que corren unos tiempos en que quizá no se tiene el tiempo suficiente para prestarles toda nuestra atención, y quizá (no de manera intencionada), vamos delegando en los educadores todo el trabajo, toda la responsabilidad de la educación de los hijos.
            Desde la perspectiva de Educadora, se me permite tener una visión más globalizada del alumno y observo en un  porcentaje suficiente, cómo afloran en ellos, por desgracia en demasiadas ocasiones, la SOLEDAD, la carencia de AFECTO, el DESARRAIGO FAMILIAR, la FALTA de ESTRUCTURA FAMILIAR, realidades cotidianas de las sociedades actuales que se ven reflejadas en los rostros personales de estos alumnos. Y en algunos casos he sentido PENA e IMPOTENCIA de no ver un apoyo familiar firme y coherente, de involucrarse en la formación de sus hijos  como VERDADEROS hombres y mujeres. ¡Es fácil dejar la pelota en el tejado del vecino!    Pretender que el Personal Docente (profesional de la enseñanza) se convierta en el padre, la madre, el psicólogo, el médico, es decir, en aquella persona que supla cualquier carencia que el estudiante tenga, sea de la índole que sea, es una postura creo que bastante egoísta por parte de los padres. Se puede no saber educar a los hijos, sobre todo si están en el período de la adolescencia, pero debemos ser humildes y pedir ayuda, no negar la realidad y “echar la culpa” al que cumple con su misión, con su vocación.
             Ya hace unos años, en mi colegio, el objetivo educativo fue “PONERSE EN EL LUGAR DEL OTRO” y ponerse en el lugar del otro es precisamente lo que los educadores hacemos desde que se inicia el curso escolar hasta que finaliza la vida académica del alumno, de ahí que la evaluación en el aprendizaje sea personalizada. Cada persona tiene unas capacidades, unas veces desarrolladas y en otras ocasiones aún por descubrir, y es desde ese conocimiento, desde esa realidad, desde la que el educador intenta desarrollar en el alumno un pensamiento propio, una visión del mundo diferente al que se presenta, por ejemplo, en los medios de comunicación.
            La enseñanza en la escuela no es una mera transmisión de conocimientos, cada uno en las ramas diferentes del saber, sino en facilitar una apertura a la Realidad que le Trasciende a su persona, apertura a lo desconocido para comprender lo que se conoce, motivar, impulsar el conocimiento inductivo, fomentar la razón, y en nuestro caso además, ayudar a descubrir los tragaluces del mundo que inequívocamente llaman a la manifestación de Dios en el mundo.
            Ayudemos entre todos a formar auténticos hombres y mujeres, para que el futuro de las sociedades sea más humano, más solidario.
Ana I. Casado Bujalance





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